CAPITULO I


Ascensiones al Aconcagua y Otros Montes

ALGUNAS EXPLICACIONES PREVIAS
Habiendo estado radicado en Puente del Inca, lugar obligado para entrar al Aconcagua, el Tolosa, Almacenes, Santa María y otros, tuve contacto con los mas famosos andinistas que ascendieron o intentaron ascenderlo y me liga con ellos la mas cordial amistad; muchas se fueron para siempre!
Buena parte de ese tiempo relaté, en mi carácter de corresponsal del diario "Los Andes, diversas expediciones, algunas de las más notables.
Traté a diario, al mas modesto de los andinistas, al andinista por excelencia MARIANO PASTEN, que es a mi juicio, el mas famoso de los guías del medio traté así mismo a Damasio Belza, Pedro Mendoza., Carlos Lobos y otros de quien obtuve minuciosos detalles que generalmente escapan a las primeras informaciones, mientras que van surgiendo mas completas en las conversaciones ya tranquilas en rueda de amigos. Por lo demás, mi propio conocimiento de la montaña, adquirido en más de 25 años de estadía en la zona alta de los Andes me daban una mayor calidad de interpretación, de suerte, que por mucho que se haya leído fragmentariamente resultará interesante repasar estas líneas descriptivas.
En mi concepto, sin que ello importe desmerecer a ninguno, ya que nadie sin un físico excepcional, un corazón perfecto y un valor rayano en la osadía, pudo ser parte de los episodios que sobre la materia se relatan en estas notas; los mas famosos, los mas completos andinistas, contando hasta fines de 1943, fueron: Hans Jorge Link, Pablo Franke y Emiliano Huerta, por su inteligencia, por su espíritu de organización, y por su excepcional resistencia física. Sabido es que los dos primeros yacen victimas de su pasión deportiva; Link caído en el Aconcagua, cuya cumbre alcanzó cinco veces y donde también pereció su esposa, Adriana Banzce de Link; y Franke, posiblemente en el Tupungato, monte al que se dirigiese en 1945.
De los más jóvenes existen valores sobresalientes como Yáñez, Ugarte, Yancen, Mottet y otros.
Considero que ascender más arriba de 6.500 metros sobre el nivel del mar es tarea superior al común de los hombres, ya que significa uno de los más pesados esfuerzos físicos. A los 4.500 se empieza a respirar con dificultad, se siente un vacío en el cerebro que enerva el espíritu; a 5.000 metros se agrega un silbido de oídos, se pierde toda noción física, duele la cabeza, solo por gran necesidad se habla lo mas indispensable, el movimiento de los pies y de las manos no puede ser a la manera corriente de accionar, debe hacerse con la mayor suavidad, para dar un paso se requieren varios segundos, tal es la presión atmosférica. Ello explica por que para recorrer los últimos trescientos metros sobre el Aconcagua, por ejemplo, se requieren en el mejor de los casos, ocho horas y por qué destacados cultores del deporte no pasaron más allá de los 6.800 metros. EL frío es muy intenso, algunos hablaron de 50 grados bajo cero, no creemos que en la época de las ascensiones -enero a marzo- sea tal, pero incuestionablemente, la temperatura oscila, entre los 12 y 40 grados bajo cero. De ahí que resulten tan comunes los congelamientos, especialmente de los dedos, ya que con frecuencia es necesario quitarse por unos instantes los guantes para verificar el funcionamiento del altímetro u otro instrumento.
Cualquier detención por más de un par de minutos con temperatura muy baja o con temporal es inconveniente, se produce somnolencia o se acalambran los miembros, lo que puede ser fatal. Con temporal las cosas se agravan enormemente, la tarea se torna muy peligrosa, pues la nieve enceguece, congela los anteojos, anula los puntos de mira que indican el sendero o el horizonte; la marcha es agotadora, extenuante, cuando los hombres regresan pueden observarse los estragos producidos, túmido el rostro, agrietados los labios, la nariz y las manos… Generalmente se asciende por etapas hasta alcanzar 6.800, 6.850 metros sobre el Aconcagua, allí se levanta el campamento alto con las carpitas individuales, se aliviana la mochila, se descansa el tiempo que es posible, por lo común desde las primeras horas de la noche hasta la una o dos de la mañana; se procura coincidir con las noches de plenilunio y partiendo a esa hora se puede alcanzar la cumbre a las 10... 12... o 14 horas de manera de contar con luz solar para al regreso al campamento.
Casi invariablemente los accidentes han ocurrido cuando no ha sido posible sujetarse a ese plan.
Cuando se pisa sobre la cumbre, todas les personas que lo lograron, están de acuerdo en que se experimenta honda emoción, a la que se da rienda suelta de distintas maneras; Link, en su primera ascensión, gritaba y saltaba mientras su perrita “Bruder” lo hacía su alrededor… Su esposa en su caso lloraba y una gran alegría inundaba su alma. Huerta y Mottet elevaron preces al Señor... Saligari y Paez, dieron un fervoroso viva a la patria...
El mular, animal que después del perro alcanzó mayor altura, experimenta cual el hombre los efectos del gran esfuerzo físico. Alcanza los 6.200 metros o poco mas y para ello es preciso que previamente hayan sido suficientemente preparados y adaptados. El ejército argentino y el hotel Puente del Inca contaron siempre con excelentes mulares. Ya a los 5.000 metros el animal se resiste a continuar y si logra librarse se escapa hacia abajo, aún cuando queda paciendo a los 4.000 metros, a muchos se les revientan las arterias y se desploman para no levantarse mas, testigos son las osamentas que se encuentran en las laderas del Aconcagua y otros montes.
El ascenso por paredes de hielo haciendo estribos con la piqueta o utilizando clavos para hielo que se van colocando a medida que se avanza, requiere nervios de acero y un corazón perfecto, cualquier titubeo o vahído causaría la caída con las consecuencias fácilmente imaginables. A medida que se asciende aparecen más pequeños los compañeros que van detrás y se va tornando todo azul alrededor…
Penetrar en un glaciar - existen en todo monte de más de 4.500 metros tan numerosos en el cordón el Plata, el Tigre y el macizo central - es hecho digno de narrarse por mucho que se haya dicho acerca de ellos. El laberinto de picos y columnas de hielo en forma de estalactitas y estalagmitas, espanta y atrae a la vez, es tan intrincado que de no tomar precauciones, uno se expone al más curioso encierro. El relator hizo la experiencia en el glaciar inferior del Aconcagua, creyó encontrarse en una de esas habitaciones con juegos de espejos de los parques de atracciones. Cuando alumbra el sol, atrevidos colores se forman dentro de ese campo de cristal. Se penetra al glaciar asido de una cuerda que se ha dejado sujeta afuera para luego regresar por el mismo camino, acaso el ardid de Teseo.
El calzado que utilizan los andinistas esta fabricado especialmente, lleva en la suela puntiagudos clavos o se les acoplan ramplones para su mejor adherencia en el pavimento ayudando así a sostenerse en empinada cuesta y aun en hielo y roca.
Las marchas en nieve blanda, recién caída, son extraordinariamente penosas, ya que no resiste el peso de las personas y al hundirse los pies en la masa, es como si se caminase por las arenas de un desierto. Los grupos que marchan van en fila india relevando al puntero cada tantos minutos a fin de repartir el esfuerzo que, desde luego, es menor para los que van más atrás, en grandes contingentes la tarea es unas fácil, pues para el octavo o noveno hombre ya se forma piso firme.
Los pases por las laderas, que tienen material de acarreo (llámase así al pedregullo y ripio que se desliza constantemente por los faldeos de la mayoría de los cerros) son peligrosos, ya que, muchas veces al caminar, la masa se desplaza y nos arrastra casi insensiblemente. En general, al final existe un precipicio o pasa la correntada de algún río. En época de deshielo esos campos se endurecen de tal forma que la persona, como el animal en su caso, pierden pie fácilmente con el consiguiente riesgo; en esas circunstancias se requiere experiencia y serenidad.

HISTORIA DE TRIUNFOS Y FRACASOS

Matthias Zurbriggen
En el año 1889, Matthias Zurbriggen, suizo, integrante de la expedición inglesa: Fitz-Gerald, alcanzó la cima del Aconcagua por el norte, y se estima que fue el primer hombre que logró llegar a la meta.
El 13 de febrero del mismo año, pocos días después de Zurbriggen - como si este hubiera abierto la puerta- llegaron también a la cumbre sus compañeros, Stuart Vínes, de nacionalidad inglesa y Nicolás Lanti italiano, conocido como uno de los más destacados guías alpinos. Esta expedición debió vencer grandes dificultades a causa del tiempo poco favorable y el desconocimiento de la ruta más conveniente, se impuso los hombres.
Con anterioridad, el geólogo alemán Guessfeldt efectuó una tentativa con miras de estudio; consiguió llegar a 6.500 metros.
En 1899, intenta la ascensión Sir Martín Conway guiado por Lanti, pero un prolongado temporal que los mantiene encerrados agota sus víveres, malogrando sus propósitos.
Poco tiempo después la condesa Rusa, Nadia Moyendorf fracasa en su valiente tentativa -acaso la primera llevada a cabo por una mujer- de llegar al Aconcagua pero alcanza uno de los picos centrales de el Tolosa, 5.370 metros, monte difícil de ascender.
En febrero de 1905 el doctor Federico Reichert, a quien llámasele el padre del andinismo, organiza una expedición cuyos integrantes sufrieron muchas penurias sin poder pasar de los 6.200 metros.
En 1906 repite la tentativa en compañía del Dr. Heibling quien llega a la cima y retira la piqueta de Vines.
Aun cuando luego se efectuaron ascensiones a otros montes entre ellos el Tupungato, el Tolosa, etcétera, hubo un impase en cuanto al coloso del Andes y la expedición que siguió reviste suma importancia porque se lleva a cabo en una época inusitada, septiembre de 1915, que prácticamente en las alturas es pleno invierno; los deshielos aun no se han iniciado y el frío es intensísimo; la integran los noruegos: Eiler Sund, Thorlef Bache y Holaf L. Holm; tropiezan con tormentas de suma violencia y temperaturas que alcanzan 50 grados bajo cero, mas, triunfan rotundamente. Permanecieron encerrados dos días en su frágiles carpitas individuales en una lucha con la nieve y el viento; Holm fue atacado por la puna todos sufrieron las mayores penurias, pero cuando ya desesperaban consiguieron alcanzar la ansiada cima. Los inconvenientes de estos hombres habrían de repetirse hasta el cansancio con el tiempo.
En febrero-marzo de 1925 el ferroviario inglés M. Ryan, C. Mac Donald y J. Cochrane, guiados por Pastén y Lobos, los hombres estos ya fogueados, realizaron la hazaña; en dicha oportunidad Pastén se destaca salvando a Ryan de un verdadero apuro que pudo costarle la vida.
El mismo año otro intento invernal tiene fatales consecuencias para el solitario explorador capitán inglés Basil Marden quien marchó solo hacia el Aconcagua sobre esquís para no volver.
En 1926 intentan la ascensión el austríaco Hans Stepanek y Gossler, éste frente a serios inconvenientes climáticos, se resiste a continuar y trata de disuadir e su compañero pero Stepenek continua solo para dormir allá arriba el sueno eterno… Su cadáver fue bajado 20 años después por una comisión militar argentina.
En 1928 llegan a la cumbre el ingeniero de la Motte y Romay, en una de las expediciones más felices por la bondad del tiempo.
Mientras tanto muchos argentinos se entrenan y están ansiosos por largarse a la aventura. En 1930 los tenientes del ejército argentino Roberto V. Nazar y Hernán Pujato, luego de ascender casi la totalidad de los montes vecinos, entre ellos Almacenes, Santa María y el Tolosa intentan durante varios días alcanzar la cima del Aconcagua, siendo rechazados por persistente temporal. Pujato sufre el congelamiento de un dedo de la mano. Estos bravos militares fueron incansables para dominar cumbres. Jefes ya, Pujato levanta la base argentina General San Martín en La Antártida y Nazar dirige e inaugura (febrero 1946) el refugio fijo, hasta entonces más alto del mundo, levantado a 6.500 metros sobre el Aconcagua.
En 1932 la expedición alemana dirigida por Brochers que procede de la cordillera blanca del Perú, llega a la cima del Aconcagua sin mayores inconvenientes.
En 1933 Carlos Anselmi, Federico Strasser, J. W. Lance y Reissing realizan otro intento, pero a poco andar sobrepasados los 6.000 metros, Reissing muere de un ataque cardiaco, debiendo sus compañeros regresar con su cuerpo.
El año siguiente es más pródigo en intentos y más feliz para los cultores del arriesgado deporte, alcanza la cima el primer argentino, teniente Nicolás Plantamura, que habíase entrenado conquistando las cumbres de: Almacenes, Santa María y el Tolosa, suficientes éstas para darle nombradía; lo hace juntamente con la expedición del Club Alpino Italiano que integran: P. Chalod, P. Gigliene, S. Ceresa y P. Ceresa, guiados por Mariano Pastén. Era el 8 de marzo y mientras están regresando luego de vencer no pocos inconvenientes, encuentran muy cerca de la cumbre, a la expedición Polaca que ha seguido sus pasos y que también alcanza la cumbre del coloso. La expedición Polaca está formada así: Norkieniez, Daszinski y Ostrowskí.
En 1935 Strasser y Anselmi insisten y esta vez su esfuerzo es coronado por el éxito, nuevamente es Pastén quien los guía.
1936: Apenas se inicia el año tiene lugar otra tentativa, se lleva a cabo sin el más mínimo tiempo de aclimatación tan aconsejable, y perece víctima de su osadía, el joven Norteamericano Newell Bent. Arriba a Puente del Inca el día primero de enero dispuesto a emprender el ascenso inmediatamente; le acompaña Raúl Vargas, chileno, en calidad de intérprete. Newell tiene excelente foja de trabajos en montaña pero le falta experiencia en este medio. Contrata a Pastén y Damasio Beiza los que aconsejan previo aclimatamiento y experimentación, que aquel no admite; Varios otros vecinos incluso el que escribe esta nota tratan de hacerle aceptar el procedimiento insinuado, que por otra parte, ha sido invariablemente seguido por los grandes montañeses de dentro y fuera del país. (No obtienen otro resultado que el desagrado del deportista. Parten en la mañana del día 2, pernoctando en plaza mulas, el 3 descansan continuando en la mañana del día 4 con tiempo inclemente. Cuando están aproximadamente a 5.500 metros, Vargas observa evidentes síntomas de asfixia en el joven, se trata de reanimarle sin resultado por lo que , de acuerdo con los guías, emprenden el regreso de inmediato a marcha acelerada hacia Puente del Inca; muy pronto se convencen que llevan un cadáver; lo acondicionan sobre el mular arribando con él a primeras horas de la noche, en notable marcha. Los restos descansan en el cementerio local.
En los primeros días de febrero la expedición CAFI cuyos componentes vienen luchando año tras año, ascienden el Cuerno y el Tolosa. Se forma, de la siguiente manera; Nydia de la C. de Lance, J. W. Lance, Carlos Anselmi, Pedro Moyano, Adolfo Duroix, guías Pastén y Beiza. Parten de Puente del Inca el día 3 de febrero, el 5 todo el grupo llega a la cima de el Cuerno, intencambiando trofeos; Lance con Pastén ascienden también el Tolosa, rescatan documento dejado por el Dr. Reichert el 10 de enero de 1907, que no había sido encontrado en anteriores ascensicnes. El mal tiempo les impide continuar trabajos sobre el Aconcagua.
En marzo asciende el Aconcagua Hans Jorge Link, uno de los más famosos exploradores, llega a la cumbre en compañia de su perrita "Bruder". Había arribado a Puente del Inca en la primera decena de febrero juntamente con el profesor Ludwig Holzhey y el Señor Ernst Holland. Efectuaron metódicas  exploraciones sobre cerros vecinos. Iniciándolas con ascensíones al Banderita norte y Banderita sud, más tarde Almacenes; en ningún momento Link hizo referencia a que tuviera la intención de llegar al Aconcagua. Limitóse a declarar que la misión que traía con sus compañeros era el estudio científico de la atmósfera y corrientes de vientos. Llamó la atención que el primer campamento luego de unos días de permanencia en Puente del Inca fuese levantado solo a tres kilómietros más adelante (laguna de los Horcones)y el segundo a 3.200 metros de altura, lo que quería decir que en quince días habíanse ascendido solamente quinientos metros sobre el nivel del punto de partida, pero probó la forma concienzuda que emplea el destacado montañés en sus trabajos de cumbres, y fue así como cumplió su plan y conquistó la cima tan deseada salvando todos los inconvenientes que significa esa empresa sin salirse de su método.
Mientras sus compañeros controlaban los aparatos de precisión de que iban munidos, él caminaba constantemente y cuando menos una vez por semana recorria los treinta o cuarenta kilómetros que les separaban de Puente del Inca, para conducir víveres y correspondencia, con férrea voluntad, con admrirable sencillez. En una de estas ocasiones, yo que presumía intención final, le interrogué en nombre del diario los Andes respecto de si intentaría la ascensión a la cumbre. Nos declaró por pimera vez: “Cuando, hayamos terminado los trabajos encomendados, que estamos realizando actualmente a seis mil doscientos metros, si restan fuerzas, es posible que intentemos llegar a la cumbre".
Así era Link en aquel entonces, más tarde cambia de carácter y se muestra intemperante. Mas, sigamos nuestro relato. La táctica de Links era la conquista de los montes paso a paso, levantando campamentos cada quinientos metros hasta plaza mulas (4.500) y cada 200 metros a partir de allí, entiéndase metros de altitud que para alcanzarlos debe hacerse un recorrido que varia según sea la escabrosidad del terreno.
El 20 de marzo, mientras Holzhey y Holland permanecían en el campamento (6.200) él siguió avanzando hasta ubicar su carpa individual a 6.800 metros. A la entrada de la cañadita que lleva a la cima, allí permaneció entre las 18 y 24 horas reiniciando la marcha a la una del día siguíente y, con paso lento - son sus palabras - pisa la cumbre a las quince horas; permanece allí dos horas y con iguales precauciones que a la subida, desciende luego; cuando tocó la cumbre - nos dijo - no sabía si llorar o gritar como loco, quizá hizo las dos cosas... Cuando nos hizo minucioso relato de la hazaña, contá­banos que por momentos era vencido por el sueño y el desfallecimiento y que para darse ánimo tocaba la pequeña flauta de que iba munido, su perrita saltaba loca... El 26 encontrándose todos reunidos en el campamento alto, la ventisca arrasó las carpas debiendo guarecerse entre unos peñascos, imposibilitados de todo movimiento dada la violencia del temporal.

1937: MAS EXITOS, MAS FRACASOS:
Los primeros hombres que trasmiten su voz desde pleno monte Aconcagua, llegan a la cumbre a costa de dos vidas. Trátase de la expedicion chilena, organizada por radio Hucke, compuesta así: Ruperto Freile (Jefe), Fernando Solari, Carlos Espinosa, Alejandro Leiva y Víctor Bianchi, arrieros: Victor Cortez, Andrés López Gallardo y Juan Ayala. Llegan a Puente del Inca el 12 de febrero, levantan campamento en laguna Horcones, donde permanecen hasta el 13. El 15 llegan a plaza de mulas. Es la primera expedición que va provista de transmisor de radio y que logra comunicarse desde ese punto.
En aquella oportunidad dijimos en el diario Los Andes de Mendoza: "El 12 de febrero de 1937 arriba a Puente del Inca la expedición Radio Hucke constituída (enunciada mas arriba). Acampan en la laguna Horcones; diez mulas silleras y ocho cargueras componen los principales elementos, dichos animales han sido sometidos a un previo entrenamiento en territorio chileno; el 13 y 14 terminan sus preparativos y se hacen presente ante las autoridades argentinas del lugar. El 15 parten hacia plaza mulas instalando campamento en el lugar habitual, casi de inmediato consiguen comunicarse con Santiago de Chile, propósito que se habían impuesto por tratarse de una de las directivas de Radio Hucke. Dejando allí el transmissor y demás elementos pesados ocupan el resto del día en transladarse a campamento alto 6.200 metros, altura máxima a que se llega a lomo de mula; levantaron las carpitas individuales disponiéndose a descansar para intentar el ascenso en la madrugada del 16. Bianchi con el personal de servicio regresa con los animales a plaza de mulas donde debe atender el aparato de radio. Radio Hucke había comunicado que observatorio El Salto, conocido por la precisión de sus informes climáticos, anunciaba tormentas de nieve en el macizo central dentro de 24 horas siguientes, y aconsejaba en consecuencia, esperar; Demasiado tarde habría de comprobarse la prudencia de tal consejo.
A las 2 horas del dia 16, Freile, Solari, Espinosa y Leiva inician el ascenso, la noche está todavia límpida, siendo la temperatura de 30 grados bajo cero. Se habían alcanzado los 6.600 metros, cuando Leiva, al quitarse el guante de la mano derecha para examinar el altímetro, sufrió congelamiento de la misma, motivo por el cual desiste de continuar y emprende el regresso a campamento alto, donde de mutuo acuerdo, ha de esperar la vuelta de sus compañeros. No sin dificultades llega a la carpita; ráfagas de viento y nubarrones anuncian la inminencia del temido temporal. Pasan las horas y pasa la noche sin que regrese el grupo que marchara hacia la cumbre. Arrecia el temporal; Bianchi con el personal de tropa enfrenta la tormenta y se dirige hacia el campamento alto, teme por sus compañeros.
El ascenso es penoso, los mulares se resisten a continuar y porfían hacia abajo. Comprueban que las carpas individuales están tronchadas por el viento. Leiva se halla desvanecido entre las mismas; se consigue reanimarle y se dispone que Ayala lo baje a plaza mulas.
Mientras tanto, Bianchi, Cortez y López Gallardo siguen explorando, creen que el resto de los hombres pueden estar en las cercanías y, en efecto aproximadamente a 5.800 metros, hallan a Espinosa que muestra diversas heridas y magulladuras, está sordo y, tumefactos los ojos no puede ver, reanimado un tanto dice: "Cuando nos separamos de Leiva continuamos ascenso logrando alcanzar la cima a las 14 horas, dificultados por el viento y la nieve pero sin accidentes graves, con cierto apresuramento intercambiamos insignias emprendiendo el regreso en medio de fuerte temporal desencadenado poco antes, habíamos marchado una hora, cuando el golpe de una ráfaga me estrelló contra la roca rompiéndome los anteojos y produciéndome estas heridas; Freile y Solari me auxiliaron bajándome en peso un tiempo, distancia que no puedo precisar, pues sufría a causa de las heridas y no podía ver, luego me desvanecí sin saber más de mis compañeros. Cuando volví en mí, ya de noche, dí voces llamándolos inútilmente durante algún tiempo, siempre bajo la tormenta; empecé a arrastrarme hacia abajo como pude, paso a paso, esperando instante tras instante rodar al precipicio. Pienso que mis compañeros al verme desvanecido redoblaron sus esfuerzos para bajarme y, ya por la violencia del viento, o debido a la oscuridad y el agotamiento, han sufrido algún accidente serio". Con la urgencia del caso se le sube sobre un mular y se emprende el regreso hacia plaza mulas.
Mientras tanto en Puente del Inca se venian escuchando notícias radiales por vía Chile que si bien resultaban incompletas y contradictorias, dejaban traslucir el temor de algún acidente grave a la expedición.
Por la tarde del día 17 el Jefe de la estación ferroviaria recibe un despacho telegráfico de Radio Hucke pidiéndole comunicar a las autoridades que la expedición había sufrido grave accidente, el que, de inmediato es puesto en manos del comisario Horacio Amusátegui quien a su vez, con toda premura organiza una expedición de auxilio que encabeza personalmente y que se integra así: Comisario Horacio Amusátegui, Dr Julio Imazio (médico), Cabo policía Facundo Morales, agente F. R. Aranda, guías Mariano Pastén y Carlos Astudillo. Va provista de medicamentos y otros elementos aconsejables al caso: parte a las 14 horas del día 18.
Al promediar la noche llega Bianchi quien relata los permenores que anteceden, agregando que luego de dejar a Espinosa en plaza mulas a cargo de Leiva, reinició las exploraciones en busca de los otros hombres, pero habiendo perecido algunos mulares y continuando fuerte temporal optó por regresar para pedir auxilio. Por nuestra parte creemos que su regreso tuvo otro motivo; a poco de dejar a Espinosa, se desplazó hacia las alturas; pero, insensiblemente, más por voluntad de los animales que suya, se desvió de la ruta y cuando cayó en cuenta de ello, se encontraba en franco camino hacia el valle, resultando entonces más fácil continuar hacia Puente del Inca que volver a plaza mulas, de no ser así, todo aconsejaba traer consigo a Espinosa cuyo estado era grave, toda vez que Leiva habíase comunicado con radio Hucke y esa emisora daba los pasos para disponer auxilios.
La comisión policial - que no encontra a Bianchi, lo que reafirma nuestra opinión - alcanza plaza mulas a las 13 horas; el médico practica curación de primera intención a Espinosa y teniendo en cuenta la situación, que se le presenta así: Las condiciones atmosféricas no son favorables para remontarse a mayor altura, no hay esperanza alguna de encontrar con vida a Freile y Solari. Se decide en consecuencia bajar al herido; ha de conducirlo el médico y el comisario Amusátegui, quedando el resto de la gente a la espera de que el tiempo mejore y permita efectuar exploraciones.
El resto de la expedición policial retornó el día 19 por la noche en vista de la falta de víveres y la persistencia del mal tiempo.
Desde el Cristo Redentor, la compañia de aviación Cóndor despachó el día 17 al conocido baqueano Pedro Mendoza, empleado suyo, quien arribó al campamento base el 18 a las 20 horas, y regresó a Puente del inca por las mismas razones que la comisión policial ya citada.
Desde Chile llega otra comisión de auxilio compuesta por los andinistas: Edgar Plath, Carlos Pideritt, José Jeff, Juan Buchanan a la que se une Bianchi partiendo hacia el Aconcagua. Al día siguiente retornan Buchana y Plath manifestando haber llegado a 6.200 metros sobre el monte. Cosa materialmente imposible de alcanzar en tan breve plazo. Los otros tres regresaron el 20 juntamente con Leiva.
Los arrieros por su parte, con los elementos de Radio Hucke en su poder, nada habían podido intentar a causa del tiempo desfavorable levantando campamento. Como consecuencia de todo ello resolvióse dar por terminada la búsqueda por el momento.

1940: IMPORTANTE EXPEDICION EN GRUPO. UN HOMBRE CONQUISTA POR TRES VECES CONSECUTIVAS LA CUMBRE DEL ACONCAGUA
Pablo Franke alemán residente en Mendoza, en un lapso de pocos días conquista la cumbre en tres ocasiones.
Se trata de un hombre modesto y uno de los más destacados andinistas, forma parte de la expedición Link, primera tentativa en masa de ascensión al monte, que luego detallamos.
En esta ocasión notamos un cambio fundamental en Link, de modesto y circunspecto que le conociéramos se torna irritable y prepotente y más de un inconveniente le acarrea su carácter. Apenas llega a Puente del Inca tiene un acidente serio con el suboficial encargado del refugio militar General San Martin. Dicho refugio facilita gentilmente a los expedicionarios una dependencia auxiliar para hospedaje, Link pretende dar órdenes a los soldados y, naturalmente, el suboficial le observa tal proceder pero lejos de moderarse provoca una escena, pretendiendo que allí solo manda él, situación que el suboficial, hombre pundonoroso y responsable no admite, desde luego.
Al presentarse dos días después al deportista, unos corresponsales de diarios, entre ellos el de "Los Andes", quienes desean conocer con fines informativos la marcha de los trabajos de organización de la expedición y sus propósitos. No son recibidos y les hace saber por un tercero, que él informará cuando crea conveniente... mas, sigamos nuestro relato. Trátase del primer contingente que se dirige al famoso monte y es el grupo más numeroso que consigue reunirse en la cima. Al conjunto de alta montaña del Club Andinista de Mendoza, se une la expedición científica que encabeza el doctor Walter Schiller y el ingeniero Alberto Kneidl, quedando en definitiva integrado así: Schiller, Kneidl, doctoras Juana Cortelezzi y Teresa Grondona, professoras: Ana P. de Torres, Ynés Herrera, Genoveva Dawson; señoritas: Ilse Schiller, Elisa Hertlein, María Magdalena López, Alicia Romagnoli, señora Adriana Bance de Link, señores: Carlos Antognini, Miguel Sáenz Medina, Hans Jorge Link (jefe), doctor Roque J. Polito (médico), Adrian Ruíz Leal (presidente Club Andinista), Edmundo Luiter, Herber Neydonff, Jorge Hertlein, P. Ronchietto, Ernesto J. Rubén, Salvador Verciglia, Pablo Franke, Carlos Olano, Carlos Pronato, Domingo López, Juan Semper, Segundo Orozco, Miguel Olarte, V. Lehmann, F. Rios, Hipólito Pérez, Pablo Etura, sacerdote José Kastelic, que sin formar parte del contigente, se agregó a él; guía Mariano Pastén y personal de servicio.
La organización de esta expedición es compleja dada la diversidad de factores en juego y la heterogeneidad del conjunto. Muchos componentes son destacados andinistas, pero otros no han cumplido pruebas de capacidad para alta montaña, por mucho trabajo preliminar que tengan en su foja, lo que exige un entrenamiento metódico dividiendo el conjunto en grupos más o menos armónicos; hay que organizar caravanas de mulas silleras y cargueras, adelantar el forraje a cada uno de los campamentos principales. Los hombres han de equiparse convenientemente, al revisar las listas individuales, se da el caso de que algunos solicitan telegráficamente, anteojos, zapatos o algún otro efecto que olvidaron a última hora, ello no obstante las previsiones antes de partir.
Es preciso destinar un botiquín bien provisto a campamento base (plaza mulas), y otro más pequeño a campamento intermedio (5.700 metros); los mismos deben contener todo elemento de auxilio a tono con las exigencias de alta montaña. Un conocido médico y excelente andinista, el doctor Roque J. Polito, con un experto ayudante tiene a su cargo la delicada tarea.
Hay que almacenar selectos y adecuados víveres en campamento base para desde allí aprovisionar los hombres y a los campamentos altos.
A fines de febrero y primeros días de marzo, Puente del Inca es un hervidero de gente que por momentos da la impresión de que se está preparando una expedición guerrera; aquí pasto enfardado, bolsas de avena, carpas; allí cajones, paquetes, bolsas de dormir, abrigos, ramplones, sogas, instrumentos, etcétera; todo lo cual ha de dividirse en tercios para formar las cargas de los mulares que las transportarán; este punto, aparentemente tan sencillo, requiere concienzuda práctica. Háse resuelto levantar el primer campamento en lagunas secas, a 3.200 metros sobre el nivel del mar y a 500 sobre Puente del Inca, luego a 3.700, 4.000 y 4.500 (campamento base) para desde allí, formar los Campamentos de alta montaña cada 200 ó 250 metros. El jefe de la expedición considera que esa modalidad va aclimatando los hombres y poniéndolos a prueba, disponiéndose siempre de un punto cercano para auxilio.
Se construye una pasadera en río Horcones para facilitar el paso de las damas.
La forma de marcha que utilizó Link fue muy discutida en su momento, se sostenía que lejos de favorecer los movimientos, los complicaba, y agotaba las fuerzas de los hombres, dado que prolongaba la estadía en las alturas, que de por si agotan; nosotros creemos que Link estaba en lo juicioso, ya que si bien los hombres expertos no lo requerían, ocurría lo contrario con el resto de la gente y como decía bien el jefe, deseaba tener siempre un punto cercano de auxilio. El hecho habría de probarse luego con motivo del accidente de Luther, acaecido el 22 a 5.000 metros donde rodó produciéndose diversas heridas que exigieron su inmediato traslado a Puente del Inca y más tarde a Mendoza. Para mayor abundamiento diremos que estamos convencidos de que la montaña se conquista paso a paso.
Cuando todo llegó a plaza mulas, se inició el entrenamiento con marchas largas y prácticas en paredes de hielo.
El 8 de febrero Franke parte desde Puente del Inca a plaza mulas para unirse al conjunto; deliberadamente marcha a pie como entrenamiento. El 9 realiza practica ligera y el 10 arremete tras la conquista del Santa Elena (4.875) cúspide que alcanza a las 24 horas y llega de regreso al campamento a las 5.30, precisamente a la hora que está saliendo hacia el mismo cerro el profesor Schiller con Pérez y Sáenz Medina, con el propósito de efectuar observaciones geológicas.
Otro grupo encabezado por Link asciende el Cuerno, monte vecino de 5.400 metros, a través del glaciar occidental, empresa que demanda 27 horas de marcha; parte el miércoles 8 con López, Ruíz Leal y Etura, a las 11 todos están en el paredón de hielo, los dos últimos, luego de varias tentativas para cruzarlo, regresan a su base; Link y López luego de siete horas de picada pasan el paredón llegando a la cumbre a las 24. Retiran tubo con tarjetas de visita de los esposos Lance, ingeniero Moyano, Anselmi y guía Pastén (1936). Emprenden el regreso faldeando el gran cordón, lo que si bien los lleva a mayor altura, evita tener que transponer nuevamente el paredón de hielo, a las 15 llegan a campamento intermedio (5.700) para alimentarse, allí pernocta López mientras Link sigue a plaza mulas donde descansa algunas horas y continúa a Puente del Inca en busca de correspondencia para retornar el sábado, realiza así una de las agotadoras jornadas propias del gran montañés.
Del 12 al 18 continúan ejercicios. El 19, Franke, Etura, López, Semper y Ríos marchan a campamento intermedio dispuestos a intentar el ascenso a la cumbre, llegan a él tarde a la noche tras de sostener una dura lucha con el viento y bajísima temperatura. El 20 amanece nevando, lo que, con breves intermitencias, dura hasta el 24 en la noche; durante ese tiempo deben permanecer encerrados en las pequeñas carpitas... El 25 aclara y el grupo con excepción de Franke, baja a plaza mulas para tomar nuevamente contacto con el grueso del conjunto y también por falta de víveres. Franke ansioso, emprende la marcha hacia la cumbre el 26 a las 2.45 horas dejando una tarjeta explicativa y en extraordinario esfuerzo consigue llegar hasta 6.900 metros donde pernocta, o mejor dicho descansa algunas horas y marcha nuevamente, entre este punto y la cumbre encuentra una piqueta perteneciente a la expedición chilena; llega a la cima al mediodía.
Mientras tanto otro grupo integrado por Link, Orozco y Pronato llegan el 26 a última hora a campamento intermedio encontrando la tarjeta de Franke. El tiempo es inclemente; pernoctan y tan pronto aclara realizan exploraciones que hasta las 23 horas no dan ningún resultado... Descansan unas horas y reinician los movimientos ya muy preocupados por la suerte de Franke. A las 21 horas y casi a 6.200 metros, Orozco encuentra a Franke que baja penosamente; en el descenso ha sufrido varias caídas a causa del viento y la escarchilla que dificultan en sumo grado la visual. Manifiesta que reunió tres piquetas y una lata herméticamente cerrada, más un escudo chileno; efectos pertenecientes a aquella misión con lo que se prueba, recién entonces, que en su oportunidad llegaron a la cumbre, añade que en la cima no encontró la mochila de Plantamura conteniendo la bandera argentina, que hasta entonces todos respetaran, supone que fue bajada por Freile y Solari. Finalmente todos se reúnen, pero en vista de que un nuevo temporal se desencadena, impidiendo toda marcha a mayor altura, se baja a campamento intermedio desde donde deberán efectuarse exploraciones tendientes a ubicar el cadáver de Stepanich, mientras Link baja a plaza mulas en busca de alimentos.
En tales andanzas Franke ha roto sus anteojos y como consecuencia sufre de la vista; el 2 se dirige al campamento base en busca del médico. Este ha bajado a Puente del Inca pero había dejado medicamentos adecuados. Se cura y descansa mientras se espera que el tiempo permita nuevas tentativas.
A esa fecha  - 23 días de iniciada la ascensión - solo queden allí los grupos: esposos Link, Franke, Etura, Samper y López seleccionado alta montaña y Schiller, Cortelezzi, Herrera, Dawson, Ronchietto, Ruíz Leal y el padre Kastelic.
El 4 tiene lugar en plazas mulas una misa de campaña a cargo de dicho sacerdote y en la madrugada del 5, con tiempo claro, emprende la marcha hacia arriba el grupo alta montaña y el padre Kastelic. Consiguen llegar a 6.700 metros donde se halla la carpa individual de Link dejada en 1938. En esa diminuta carpa, teóricamente con cabida para dos personas, se guarecen siete… El 6 a las 13 horas siguen adelante procurando pernoctar a 6.900 metros, propósito que cumplen soportando una temperatura de 30 grados bajo cero, carecen de bebida caliente y los estómagos se niegan a aceptar los alimentos fríos. Franke decide entonces llegar a la cumbre en busca de una botella de nafta que dejara el 27. Su esfuerzo es coronado por el éxito. Cuando está bajando se encuentra a mitad camino con Link que sube a su encuentro. Encienden el pequeño calentador y regalan los estómagos con mate que todos encuentran excepcionalmente agradable…
El 7 todo el grupo se dirige a la cumbre confiando en que llegarán felices, mas, a poco andar el padre Kastelic queda rezagado, se ha alcanzado 6.950 metros, cuan duros son los metros allí!... Se hallan a la entrada de la canaleta que lleva directamente a la cumbre superior. Siguen ascendiendo y entre las 15.30 y 16.30 todo el grupo pisa la deseada altura. Es el más numeroso que ha conseguido reunirse allí y no habría de ser superado hasta 1946, expedición Ugarte. Jubilosos gritan, lloran, se abrazan y luego, más serenos, contemplan emocionados el grandioso panorama que se extiende hacia todos los puntos cardinales y que permite en días claros como aquél, divisar el océano Pacifico, la pampa inmensa, el coloso sanjuanino "Mercedario" y todos los grandes montes circunvecinos que engalanados de blanco y colores rinden culto a su señor, el ACONCAGUA! en cuya cúspide se haya el esforzado grupo, entre el cual está una mujer, una madre… Alrededor, salta alegre la perrita "Bruder" de los esposos Link que por segunda vez conquista la cumbre del Aconcagua.
Permanecen allí dos horas; intercambian trofeos, entre otras cosas encuentran el termómetro de Ryan (1925) que se creía habría retirado Stepanich. A las 18 horas, con baja temperatura inician el descenso para pernoctar a 6.700 metros, nuevamente se encuentran con el padre Kastelic en el mismo punto donde quedase al ascender, tratan en vano, de disuadirlo de su empeño, pero insiste en quedarse esperando al profesor Schiller que estaria subiendo, déjanle una carpa individual y víveres. Habría de ser la última vez que se le viera con vida.
Al día siguiente reinician la marcha, a 6.400 metros y alrededor de mediodia se encuentran con Schiller, Sáenz y Camerón que se dirigen hacia la cumbre, que en el mejor de los casos, podrian alcanzar al día siguiente, son informados de la situación del sacerdote. El tiempo está amenazante, luego empieza a nevar, al promediar la tarde las huellas se pierden bajo la nieve; arriban sin otras dificultades a plaza mulas siendo las 18.30, son recibidos entusiastamente por varios visitantes que han llegado desde Puente del Inca. A media noche regresa también Schiller y su aconpañante; han debido desistir a causa de la tormenta.
En la mañana del día 9, grupo alta montaña, visitantes y parte de la tropa bajan a Puente del Inca. Queda Link, su esposa, profesor Schiller, Saénz, Olano, Ruiz Leal, doctora Cortelezzi y señorita Schiller. El 10, mejorado algo el tiempo, se inician exploraciones en busca del padre Kastelic por cuya vida se teme, Link, guía Pastén y Ruíz Leal consiguen llegar el 14 al punto donde se separaron el día 7 y ubican sus efectos en desorden. Es infructuosa la búsqueda que se lleva a cabo por los alrededores. Regresan a plaza mulas a donde llegan al día siguiente convencidos de que otro hombre queda para siempre en los faldeos del coloso.
El 16 preparan cargas y enseres para partir el 17 a Puente del Inca dando por finalizada la expedición. El profesor Schiller, valiente andinista, se aleja con el sentimiento de no haber llegado a la cima del Aconcagua; pero ha recogido abundante material geológico y realizado observaciones de sumo interés científico.
En febrero-marzo de 1941, otros argentinos intentan conquistar la cima del Aconcagua. Se trata del subteniente Emiliano Huerta que, con el tiempo será famoso, y el sargento Jorge A. Martínez; integran la expedición argentina al Aconcagua que se complementa así: Subteniente Emiliano Huerta (Jefe), sargento Martínez, Juan Semper, Hipólito Pérez, y Juan Módica, los tres últimos del Club Andinista de Mendoza, previamente en tren de entrenamiento, ascienden los cerros circunvecinos y realizan largas marchas, luego, en prueba más seria ascienden el Tolosa. Han llegado a Puente del Inca el 15 de febrero, el 20 parten hacia dicho monte - no utilizan cabalgaduras - pernoctan al pie y emprenden la ascensión a las 8.30 del 21 por la pared N.N.E. alcanzan la cumbre a las 17.30 con excepción de Módica que falto de entrenamiento no cree prudente realizar el esfuerzo y queda a 4.500 metros. Retiraron las tarjetas de J. W. Lance y guía Pastén (1936). Semper y Pérez son los primeros integrantes del Club Andinista de Mendoza que llegan al Tolosa.
Cabe señalar que, el entonces teniente Nicolás Plantamura, durante su entrenamiento para dirigirse al Aconcagua, también llegó al Tolosa.
El 28 la expedición se dirige a plaza mulas, con ella, va Mariano Pastén. Pernoctan, descansan el día 1º y continúan en la mañana del día 2 con tiempo excelente que permite alcanzar los 6.200 metros, jornada realmente meritoria, levantan campamento intermedio a 5.800 metros. Pasan la noche y el 3, Semper, Pérez y Módica regresan a plaza mulas por encontrarse indispuestos; Huerta y Martinez caminan desde la madrugada hasta las 15 llegando a 6.800 metros. Se proponen continuar a las 2 de la mañana: siguiente, empero durante la noche, se desencadena intenso temporal de viento y nieve que impide todo movimiento, todo el día 4 y 5 es tan violento que por tres veces la pequeña carpa esta a punto de ser volada, no sin grandes esfuerzos consiguen asirla; pero apenas pueden ingerir algún alimento concentrado que sus estómagos rechazan a causa del gran frío. El 6 muy agotados y hambrientos, se unen por la soga de monte y desafiando la tormenta emprenden el descenso cayendo y levantando, expuestos siempre a ser desplazados de la ruta por el viento y poca visibilidad, aunque maltrechos consiguen llegar a campamento intermedio donde pernoctan. Siempre imposibilitados de encender fuego, sufren el rigor del intenso frío y la falta de alimentos calientes; estrechan sus cuerpos, cuanto pueden para darse mutuo calor y castigan sus miembros para ayudar a la circulación de la sangre; apenas aclara siguen la agotadora marcha sin que la tormenta amengüe.
Aproximadamente a 5.000 metros encuéntranse con Semper y Perez que temerosos por sus vidas van hacia arriba desafiando también el temporal, no es para describir -nos decían- la emoción que todos sentimos al encontrarnos y quien mas quien menos lloró de alegría!
Esa noche quedaron en plaza mulas y pudieron, por fin, tomar alimentos calientes que en tantos días habían carecido, allí les esperaban dos soldados del refugio militar de Puente del Inca y el señor Carlos Galante.
El 8 marchan de regreso, turnándose en los tres mulares con que cuentan. Solo el destino del hombre -expresaba Huerta- ha impedido que alguno de nosotros pereciera en la jornada. Si en aquella altura, nuestra carpita se vuela habríamos sido presa fácil del frío, si el viento nos hubiera desviado de la ruta, lo que a tantos ocurrió, pocas hubieran sido nuestras posibilidades de salvación y si nos hubiésemos desencontrado con Semper y Pérez quizás lo que les hubiese ocurrido mas arriba buscándonos.
El destino del hombre! nunca pude comprender cuando el destino se lleva un niño que nació pocos días antes! Estos casos son comunes en la montaña.
En aquella oportunidad dije al esforzado militar, ante su desaliento: “Usted esta hecho para alcanzar el Aconcagua, si esta vez no pudo ser, lo será en otra ocasión” Mi convicción nacía de haber1o visto trabajar; es resistente a toda prueba, concienzudo, organizado y tenaz. Al año siguiente el más franco éxito coronó su esfuerzo y en 1945 venció por segunda vez aquella cumbre, dirigiendo la expedición militar argentina.

1944: EL FAMOSO ANDINISTA JORGE LINK Y SU ESPOSA PERECEN EN EL ACONCAGUA
Adriana Bance y Jorge Link
En los primeros días de febrero de 1944, Link al frente de otro grupo se dirige hacia el monte. Sin ser de las proporciones numéricas de la anterior (1940) es también numeroso. Se compone así: Hans Jorge Link (Jefe), señora Adriana Bance de Link, Erich Grinn y su esposa, Lita Tirabochi, Tibor Tirabochi, Dr. Walter Schiller - que vuelve al Aconcagua -, ingeniero Alberto Kneidel, Carlos Pronato, Ernesto Mantz, P. Rojo, J. Antinucci, M. Bertone, Juan Zechner, Tibor Sekelj, guía Pastén y arrieros prácticos Sixto Orellano y Pascual Villa. Esta vez la señora Link emprendía la marcha - nos expresó - solo por adhesión a su esposo, pero su espíritu distaba mucho del de 1940; acaso presentia que no habría de volver.
Parten en dos tandas a plaza mulas, a donde previamente se han llevado víveres y demás elementos. Reunidos allí se inician los entrenamientos. Link, comprometido con el ingeniero Kneidel a conducirlo a la cumbre no podía estar a tono con Bertone, Zechner, Sekelj y Grinn; quienes se mostraban impacientes por realizar el intento temerosos de que el tiempo dejara de ser propicio.  Consideraban que se estaban retrasando. Fue así como paulatinamente se fueron adelantando y cuando se hallaban en campamento intermedio (5.800 metros), resolvieron continuar la ascensión dejando una nota a Link haciéndole saber que se consideraban separados del conjunto y, en consecuencia, obraban bajo su propia responsabilidad. El documento no fue conocido públicamente hasta 1946 al ser encontrado por Ugarte sobre el cadáver de Link. La actitud de estos andinistas fue muy discutida, tanto más frente a los hechos ulteriores, decíase que habían faltado a la ética del montanés manifestada especialmente en la más estrecha unión entre los componentes para vencer las dificultades propias de la montaña, como dijera muy bien Valentín Ugarte: "Si los riesgos son de todos, la gloria también debe ser de todos". Nada impedía que ese grupo obrara por su cuenta antes de partir de Puente del Inca pero no se consideraba correcto hacerlo ya en plena lucha con los elementos. Franke en 1940 se adelanta al conjunto y llega a la cumbre pero vuelve a él para acompañarlo nuevamente. Habrá que admitir que si el grupo se hubiese mantenido unido, otra pudo ser la suerte de los que quedaron allá arriba...
Cuando el grupo Link, con excepción de Mantz, Antinucci y Rojo - que quedaron en plaza mulas - alcanzó los 5.800 metros, el resto ya estaba a 6.200. Los días 12 y13 se avanza o retrocede según mejoran o empeoran las condiciones climáticas y, por fin, el 14, Bertone, Sekelj y Grinn alcanzan la cumbre. Intercambian trofeos y emprenden el regreso. En la noche del 15 todos están reunidos a 6.200 metros. Entre el 16 y el 19, un temporal de viento y nieve los retiene. El 20 aclara y continúan el descenso quedando los esposos Link, Kneide y Schiller que han de intentar llegar a la cumbre, Los otros arriban a Puente del Inca el 22 juntamente con Pastén y Orellana.
Mientras tanto van pasando los días y se ha perdido todo contacto con Link y sus acompañantes, temiéndose por sus vidas. El 25 parte desde Puente del Inca una comisión policial a la que se unen Miguel Cataro, Pablo Gianacari y Manuel Pacheco. Recorren los 32 kilómetros que les separan de plaza mulas a donde arriban a las 21.30. El 28, siempre a, lomo de mula, alcanzan los 5.800 metros sin encontrar rastro alguno; allí queda Cáfaro y Gianacari, regresando el resto. La policía no cuenta con elementos adecuados para afrontar mayores alturas, el solo hecho de haber alcanzado ese punto significa una hazaña; por lo demás el tiempo no es propicio, y sopla fuerte viento.
El 1º en esforzada marcha Cáfaro y Gianacari llegan a 6.400 metros y el 2 a 6.600, localizan el campamento Link y dan con el cadáver del profesor Schiller que yace bajo la pequeña carpa destruida, se halla fuera de la bolsa de dormir y sin guantes; sus gestos son los característicos de la muerte por congelamiento. Siguen avanzando pero la tormenta aumenta en violencia y comprendiendo el verdadero peligro de seguir adelante o esperar la noche allí, bajan a 6.400, levantan sus carpas individuales y otros efectos y avanzan para acampar a nivel mas bajo, lo hacen a 5.900 metros; la altura de la nieve caída y la bajísima temperatura -25 grados bajo cero- dificultan enormemente la marcha, descansan hasta aclarar y emprenden nuevamente el descenso, llegan a plaza mulas donde Pacheco espera con mulares.
De la situación informan a una comisión militar que esta subiendo y con la que se encuentran a poco andar; es integrada por los subtenientes Jorge R. Orfila (jefe), Ignacio Nazar, sargento Antonio Salgari, Samuel Carduner, Carlos Grisetti, cabo primero Alipi, cabo enfermero González soldados Honore Jofré y Carlos Medina, el conocido andinista Mario Bertone y guía Pastén. Esta comisión llega sin dificultades serias hasta 6.600 metros, mas, la nieve caída en los últimos tres días, que alcanza un metro de altura, imposibilita, las exploraciones en busca de los cadáveres, indudablemente cubiertos; se rescata entonces el del profesor Scihiller y se regresa.
Los esposos Link han de permanecer un año mas sobre el bello y bravo Aconcagua, ello ocurre, no porque no se hiciesen extraordinarios esfuerzos para rescatarlos sino porque el mal tiempo se empeñó en impedirlo.
Otras tentativas de rescate fracasan también no sin poner en peligro más vidas, rechazadas por una de las más fuertes tempestades desencadenadas en la zona.

1945: NUEVAS ASCENSIONES
El 29 de enero de 1945 la expedición Huerta parte desde Puente del Inca, se compone así; Teniente 1º Emiliano Huerta (jefe), sargento ayudante Roberto Páez, sargento 1º Alberto Martinez, sargento Julio C. Cernadas ayudante de gendarmería Oscar Maure, periodistas Tibor Sekelj y Samuel Videla; agregados: Grupo destacado por Club Andino Bariloche, señores Alejandro Hemmi, Antonio Ruiz, Augusto I. Vallmitjana. El 1º sale otra comisión militar a la que también se agregan civiles, es integrada así: Teniente primero Valentín J. Ugarte (jefe), teniente Orlando J. Yansen, doctor Roque Zaldivar (médico), subteniente Jorge González Naya, Ignacio R. Nazar, Eduardo Arancet, sargento primero Antonio Saligari, cabo 1º Julio C. Alvarez, cabo Enrique Luquez, cabo conscripto Pablo Yañez, cabo enfermero Osvaldo C. González; civiles: Domingo López, Manuel Pacheco, Féliz Fellinger, Aldo de la Torre, Héctor González; ambos conjuntos apenas si consiguen llegar a plaza mulas, dificultados por uno de los más intensos temporales de que se tiene memoria en esta época del año. Se extiende desde lo más elevado del macizo andino hasta la pre-cordillera; no solamente impide todo avance hacia lo alto sino que torna muy difícil y peligroso el regreso. Pierden casi la totalidad de los mulares en el torbellino de nieve siendo bajísima la temperatura, ello obliga a los expedicionarios a emprender a pie la penosa marcha que supone recorrer 32 kilómetros sobre gruesa capa de nieve que en partes llega a la cintura de los hombres, pero en la disyuntiva de quedar bloqueados, afrontan el peligro.
Casi nadie se ve libre de los congelamientos de las extremidades; cuando consiguen, por fin, llegar a Puente del Inca, luego de una jornada de 33 horas! (Un día, remoto aún, existirá un camino carretero hasta las proximidades de plaza mulas...) Varios deben ser transladados con toda premura a la Ciudad de Mendoza para su debido tratamiento en los hospitales; el más delicado es el joven subteniente Nazar a quien es necesario amputarle el dedo pulgar del pie derecho.
No obstante el contraste, el infatigable Huerta está insistiendo en realizar otra tentativa.
Es autorizado al efecto y el 12, nuevamente en Puente del Inca emprende la marcha, le acompañan: Páez, Martínez, Maure, Arturo Ruiz y Tibor Sekelj. El 18 se hallan en plaza mulas entre este punto y los 6.400 metros, pierden dos días por la inclemencia del tiempo, que aun quiere cerrarles el paso, el 25 parten decididos a alcanzar la cima, caminan zigzagueando, revisando todo montículo o piedra donde pudieran hallarse los cadáveres de los esposos Link y el ingeniero Kneidel; a mediodía toman un respiro y a poco reinician la marcha, a las 15 están a la entrada de la cañada que han de seguir hasta la cumbre, por allí, paso a paso, como lo exige la depresión orgánica, van conquistando metro a metro la altura, mientras hacia abajo se ensancha el imponente panorama; están a 200 metros de la cumbre, algunas nubes cruzan fugazmente sobre sus cabezas... allí hay un cuerpo! - exclama uno - pronto lo reconocen, es Link, su gesto indica la muerte por congelamiento, se halla a 100 metros de la cumbre; se descubren ante los restos del gran montanés y vuelven a marchar, 50 metros más adelante está su esposa, Adriane Bance Link, su rosto se halla cubierto por el pasamontaña, su piqueta y la de su esposo pueden verse a pocos metros; observan que faltan las mochilas. Han debido ser barridas por el viento. Los expedicionarios miran contritos el cuerpo de la menudita mujer cuyo valor y resistencia física tanto admiraron.
Amenazantes nubarrones se están acumulando arriba, señal segura de las temibles tormentas del norte, tan peligrosas a semejante hora, eran las 18, más de uno de nosotros - nos dijeron - pensó en aquel momento si estaríamos destinados a igual suerte; casi sin palabras - añadieron - resolvimos seguir adelante. Una hora más tarde, Pérez que encabeza el pelotón con un tonante grito VIVA LA PATRIA! avivó nuestras fuerzas y casi de un salto, todos nos reunimos en la cumbre.
Por las constancias en el libro de cumbre del Club Andinista de Mendoza comprobamos que los esposos Link y el ingeniero Kneidel habían arribado a la cima poco antes de morir.
El accidente que costo la vida a los esposos Link puede reconstruirse así: Para alanzar la meta, han debido luchar largas horas con la nieve y el viento presumiblemente extenuados. Al iniciar el descenso la visual era dificultosa por las escarchillas o la nieve y peligrosa por la violencia del viento, muy pronto, insensiblemente el ingeniero Kneidel se separo, la señora Link sufrió una caída que le privó de sus sentidos naturalmente, su esposo quiso prestarle auxilio y sin poder neutralizar el congelamiento que debió sobrevenir de inmediato, pasaron los minutos sin caer en cuenta que sus miembros se acalambraban... Se levanta transido de dolor y tambaleante marcha hacia abajo sin su piqueta… cae a su vez metros más allá y se deja estar… muere también por congelamiento.
Los expedicionarios intercambian trofeos y emprenden el regreso, Páez deja una tricotita de su hijita que en 1946 rescata Kopp; lo avanzado de la hora, y el temporal encima impide todo intento de bajar los cadáveres.
Ha quedado contestado el interrogante planteado un año atrás con respecto a Link y sus acompañantes.
Marchan hasta la madrugada, descansan unas horas y siguen hacia Puente del Inca a donde arriban a media noche cumpliendo uno de los descensos más acelerados de que se tiene memoria.
Mientras en el monte Aconcagua tienen lugar los acontecimientos desarrollados en enero y febrero, en el sur, por el Portillo chileno quedaron bloqueados durante cinco días 33 arrieros, los que fueron rescatados entre el 12 y 15 de febrero cuando sufrían serio peligro.
Como despedida de la temporada 1945, Miguel Cáfaro, Arthur B. Emmons y Teodoro Crombio ascienden el Tolosa, por el cordón occidental, ruta excepcionalmente empleada.


1946: EXITOS… GLORIAS…
Tres estudiosos alemanes radicados en el Chaco y Misiones, Kopp, Vogel y Herold ascienden en la primera quincena de enero, se descubrió también ante los cuerpos de los esposos Link y ratifican lo informado por la expedición Huerta. Los citados profesionales permanecen en la región Aconcagua entre el 21 de diciembre de 1945 y 15 de enero de 1946 y realizan meritorios estudios de geología, hidrología, meteorología y botánica y como corolario conquistan la cumbre, como se ve, apenas comienza enero ya los colosos de los montes están en movimiento. A la brillante labor de los estudiosos alemanes, sigue expedición militar Huerta al Tupungato, la que alcanza contornos sobresalientes. Preferimos relatarla cual lo hiciéramos en aquella ocasión para el diario "Los Andes" de Mendoza.
Federico Reichert
"Con fecha 8 de enero arribó a Punta de Vacas, la comisión militar que, a cargo del teniente 1º Huerta, debía efectuar trabajos de reconocimiento en la zona Tupungato y El Plomo, era integrada por el siguiente personal: Teniente primero Emiliano Huerta (Jefe), subteniente Julio C. Motett, suboficial ayudante Miguel Cáfaro, sargentos Omar Girard y Omar Fiore, cabo 1º Felipe Godoy, cabos César Echegaray, Omildo Vera, Baldomero González, Orlando Araujo, Otilio García, Antonio Martínez, Cecilio Cortéz y Lamilio Mario; guía Damasio Beiza y José Parra. La comisión salió desde Punta de Vacas. El día era bueno con un sol radiante y una calma que era presagio del buen éxito, sin embargo, habían inconvenientes originados por el mal estado de la senda, la que en muchos lugares debió ser reconstruída a pico y pala a fin de que permitiera el paso de las mulas cargueras. Por la tarde se llegó al refúgio "Taguas", de la Dirección General de Irrigación, en la confluencia del río Tupungato con El Plomo. Como aun faltaban algunos componentes para completar la comisión del Tupungato, el teniente 1º Huerta decidió intentar la ascensión del cerro "Polleras" de 6.232 metros, cuya ascensión es una de las más dificiles en los Andes Mendocinos, ya que su cima, fina y elegante, flanqueada por dos pirámides nevadas menores, se levanta en paredones lisos y poco escalonados. La única ascensión a este cerro, es efectuada por el famoso "padre de los andinistas", el doctor Federico Reichert, reputado explorador de la alta cordillera de Mendoza de principios del siglo. Dicha ascensión fue realizada después de muchas e infructuosas tentativas, el 5 de febrero de 1908. Con ese propósito la comisión avanzó hasta el refugio "Toscas", en la confluencia del río El Plomo con el arroyo Toscas. La ascensión sería intentada por la ruta que siguió el doctor Reichert, la única factible en el momento; el día siguiente, Huerta con el sargento Girard, cabo 1º Godoy y el baqueano Beiza salieron del refugio y se internaron en la quebrada del Toscas a lomo de mula, alcanzando a las 16 los 4.500 metros de altura en el Valle Llumbote, mientras Beiza descendió con los mulares al Valle Toscas.
Cerro Polleras
Los militares con sus pesadas mochilas a la espalda, ascendieron hasta el pie del gran ventisquero número cuatro del Polleras en la ladera occidental del cerro, allí levantaron campamento para pernoctar a 5.000 metros. Dejaron las cargas y se internaron entre los hielos del ventisquero, ya sorteando numerosas grietas, ya escalando paredes de hielo; después de un escalamiento que puso a prueba las fuerzas morales y materiales de los tres hombres. Estos llegaron a la parte superior del ventisquero: 5.300 metros a las 12 horas y aquí comenzó la verdadera ascensión al cerro. Cruzaron en todo su acho el glaciar se dirigieron a la cumbre principal y ayudados por las piquetas, ramplones y cuerdas, atacaron las paredes de hielo. A las 17 horas se hallaban a 5.800 metros de altura, lo que da una idea de la lentitud extremada del escalamiento. De pronto, mientras Huerta encabezaba la comisión picando escalones en el hielo, asegurado con cuerdas por sus hombres, uno de estos, el cabo 1º Godoy, por la rotura del mango de su piqueta comenzó una vertiginosa caída por la ladera de hielo rodando unos 80 metros y, solo por suerte, no arrastró a sus compañeros, quedando finalmente frenado por unas rocas de entre las cuales se levantó dolorido. El jefe de la expedición una vez  que se hubo asegurado de que no sufrió heridas, ordenóle regresara lentamente al campamento siguiendo la huella trazada por sus pasos sobre la nieve.
Huerta y Girard, prosiguieron la ascensión con el propósito de depositar en la cumbre la bandera argentina y el banderin de la escuela de Tropas de montaña, sin embargo una hora después un fuerte viento que les golpeaba violentamente, levantando a la vez polvaredas de nieve que les enceguecía y que bajaba extremadamente la temperatura, les obligó a postergar la ascensión hasta que las condiciones del tiempo mejorasen.
A las 23.30 horas llegaron al campamento de los 5.000 metros, allí con sorpresa comprobaron que el cabo Godoy no había llegado aún, gritaron llamando al camarada ausente y al no obtener respuesta, resolvieron volver inmediatamente a las proximidades de la cumbre; exhaustos y azotados por un viento frio que les robaba sus escasas fuerzas, llamando a gritos al ausente, reiniciaron la ascensión, siguiendo la huella dejada en la nieve, con esto esperaban encontrar la huella dejada por el camarada, que lógicamente debía desviarse en alguna parte de la de ellos. Cada hueco, cada grieta, cada sobra proyectada por los paredones eran minuciosamente registrados y nada... El temor de que cada minuto que pasaba atentaba contra la vida de Godoy, les imponía el deber de encontrarlo antes de la madrugada; horas en que la temperatura baja a la mínima; ya desesperaban cuando a las 4 horas del día 17 Huerta encontró una huella que se apartaba de la seguida por ellos. La siguió y vió que se perdía en una inmensa grieta, casi tapada en su parte superior, alumbró aquellas profundidades e inmediatamente escuchó la voz del compañero buscado. El espectáculo no podía ser más aterrador: a unos diez metros de profundidad, Godoy estaba parado sobre una débil plataforma de hielo con un profundo abismo que se prolongaba bajo sus pies. Con las cuerdas que llevaban lo consiguieron sacar después de dos horas de titánica lucha, ya que el peso de Godoy era excesivo para sus agotadas energias. A las 8 horas regresaban al campamento luego de una actividad de más de 24 horas seguidas, exhaustos, pero con la alegría de haber podido salvar al camarada que permaneció doce horas en tan crítica situación.
Los días siguientes mostrábase el tiempo muy crudo especialmente por la furia del viento. Reunida ya toda la gente los andinistas se dedicaron a organizarse y reponer fuerzas concentradas en el desmochado. Desde este punto la comisión partió hacia el Tupungato en la madrugada del día 23. Luego de un viaje en que los jinetes debieron demostrar su pericia en la conducción de las mulas por los numerosos pasos peligrosos, entre los que se encuentra "el mal paso"; arribaron al campamento número 1 en la boca de la quebrada que conduce al cerro. Luego de acampar soportaron las inclemencias de un tiempo que hacía sentir su rigor por el frío y el viento, el personal se dedicó a prepararse para el ascenso. En la noche del 23 el viento arreció en tal forma que a media noche arrancó las carpas y elementos llevándolos a varios centenares de metros, casi simultáneamente una nevada empezó a desencadenarse aumentando las contrariedades a los andinistas.
Recuperados algunos elementos indispensables se armaron las carpitas de altura con las que se pudo soportar el temporal. En la mañana del día siguiente el estado del tiempo no había mejorado a pesar de lo cual se hizo necesario que el personal se dedicara a rehacer el vivac. La nevada había aumentado en intensidad y ello obligó a que el ganado fuera llevado por el baqueano Beiza a lugar más resguardado.
Al otro día con baja temperatura, la nevada empezó a declinar por lo que aproximadamente a las 18, se resolvió salir para alcanzar el campamento medio; como el tiempo prometía mejorar los paticipantes decidieron intentar al día siguiente directamente la ascensión al cerro, fué así, como la actividad del campamento se vió aumentada y existía un natural estado de intranquilidad por la suerte que podía deparar el día 26. Muy de madrugada ya el personal se encontraba en pie ensillando sus mulares, los que partieron dirigidos por el baqueano en dirección al cerro. Luego de cruzar una zona de acumulamiento morenítico se hizo necesario el cruce de un faldeo largo y empinado, donde por natural efecto de las dificultades 6el ganado empezó a distanciarse hasta quedar separados los grupos unos de otros; previendo esta contingencia habíase resuelto de común acuerdo que los retardados no debían impedir la continuación del viaje de aquellos que pudieran adelantarse; fué así como el Teniente 1º Huerta, Subteniente Motett, cabos González y Echegaray y el Señor Beiza consiguieron vencer las dificultades pudiendo ascender hasta llegar al filo norte por donde continuaron en los mulares hasta aproximadamente 5.800 metros desde donde el baqueano se encargó de conducirlos hacia abajo mientras los otros cuatro, siendo las 11.30, iniciaron a pie el ascenso que se hacia sumamente difícil porque era necesario vencer una ladera de material de acarreo que resultaba para el caminante muy penosa a causa de que se pierde continuamente pie por la movilidad del terreno.
Con paso seguro los esforzados andinistas llegaron a los paredones de piedra que dan hacia el noreste. En dicho lugar se vieron obligados a vencer unos paredones de hielo que expusieron la seguridad de cada uno, luego se siguió al ascenso por una canaleta, siendo necesario trepar las rocas para alcanzar la cúpula superior; allí la ascensión se vió más aliviada para volver a poco a hacerse penosa porque los efectos del fuerte viento y la altura dejábanse sentir en los hombres. Luego de alcanzar tres alturas sucesivas se llegó a la verdadera cumbre a las 20.00 donde encontraron la piqueta y tarjeta del señor Piderit y una bandera chilena.
Es importante hacer constar que en el momento de llegar a la cúpula superior, los andinistas divisaron una altura en la que creyeron con el consiguiente entusiasmo, que se trataba de la cumbre, pero la sorpresa y el desencanto les embargó ya que al alcanzarla vieron otra más alta de las mismas características; allí dirigieron sus pasos y luego de grandes esfuerzos también la vencieron para encontrarse con una nueva desilusión ya que en ella no se encontraba la meta y 300 metros más arriba se levantaba otra altura que sin ser sensiblemente más alta tenía diferencia con respecto a la que ellos se encontraban. Huerta se adelantó entonces hacia ella con el objeto de tomar fotografias, siguiéndole el personal, en marcha lenta a la altura anunciada, la alegría experimentada por Huerta fué extraordinaria, porque en ella se encontraba los documentos de Piderit que demonstraban que esa era la parte geométrica más alta del cerro.
Fué así como alentados por esta cincunstancia los hombres redoblaron sus esfuerzos para vencer la distancia que les separaba.
Al reunirse todos en la cumbre se abrazaron dando vivas a la patria y hurras a la cumbre desde donde contemplaban un maravilloso panorama hacia todas las direcciones divisando las arboledas y luces al parecer de la zona Tunuyán y Luján de Cuyo, como las luces, presumiblemente, de la planta de Yacimientos Petrolíferos Fiscales y, aunque un tanto difusas, las luces de Santiago de Chile.
Luego de firmar el libro de cumbre y retirar los trofeos se inició el descenso ya casi en la penumbra.
La marcha se vió dificultada por la obscuridad y en seguida de pasar el borde de la cúpula se encontraron frente a peligrosos faldeos de nieve donde fue necesario extremar los cuidados y los conocimientos andinísticos ya que la luz de la linterna era insuficiente; aunque la noche era obscura resolvióse seguir la marcha para evitar que por la bajísima temperatura se produjeran congelamientos.
En repetidas ocasiones el sueño y el cansancio estuvieron a punto de vencer a los hombres; pero, existia la firme voluntad de vencer las dificultades y de esa manera, sobreponiéndose a todo, se continuó adelante. La luz de la linterna con ser poderosa, en ocasiones engañaba a los andinistas con respecto a profundidades de abismos y distancias por lo que la cautela debió extremarse.
Con las primeras luces, y totalmente extenuados por tan larga y penosa marcha, llegaron al campamento intermedio, desde dondo salía cumpliendo la orden de Jefe, la segunda comisión retrasada el día antes; esta parte de la expedición estaba dirigida por el suboficial ayudante Cáfaro y la integraban los sargentos Fiore, Girard y el cabo 1º Godoy, este último animoso a pesar de las penurias; siguieron la misma ruta y con indicaciones precisas de Huerta, quien les hizo conocer todas las dificultades habidas y la manera de salvarias, llegaron al campamento alto, 5.800 metros donde descansaron una hora continuando marcha en busca de la cumbre, la que alcanzaron a las 21, retirando algunos comprobantes tales como la piqueta de Motett dejada de exprofeso el día anterior. También estos hombres efectuaron el regreso durante la noche.
Por equivocación, el Señor Cáfaro retiró también de la cumbre un banderín simbólico perteneciente a la Escuela de tropas de Montaña que fuera entregado al Jefe de la expedición Teniente 1º Huerta, con toda la solemnidad - con formación de tropas - por el Director de la Escuela Teniente Coronel Falconier, para que fuera depositado en la cumbre; pero a causa del error resultaba ser traída de vuelta por la propia comisión. Ello dió motivo para que el subteniente Motett junto con los cabos Vera y Araujo partieran días después novamente hacia la cumbre del Tupungato a fin de restituir el banderín trofeo.
TERCER ASCENSO AL TUPUNGATO Y ASCENSO AL POLLERAS
La tercera expedición al Tupungato tuvo la virtud de llevarse a cabo en forma combinada y sincronizada con la ascensión al Polleras.
La organización puede señalarse como perfecta, pues los oficiales dirigentes, Huerta al Polleras y Motett al Tupungato, realizaron las maniobras y cumplieron lo estipulado en forma tal, que llegaron a las respectivas cumbres el mismo día 5 de febrero con solo una hora de diferencia, ya que Huerta llegó al Polleras a las 17 y Motett al Tupungato las 18.
Esta vez aprovechando la mayor luz, Motett deshizo el monolito y encontró una caja de cartón conteniendo una bandera argentina depositada por la Señora Lance, una francesa depositada por el Señor Carlos Anselmi y una perteneciente al Club Atlético de Aviación Origone de Villa Mercedes que también depositase la Señora Lance, junto con un cilindro de aluminio de rollos fotográficos, con las tarjetas de los tres; depositados el 21 de febrero de 1937. Es de hacer notar que estos trofeos estaban colocados en las piedras del hito de tal manera que no fueron encontrados por el Señor Piderit que subió en 1938.
El subteniente Julio C. Motett que cumplió la hazaña de la doble ascensión al Tupungato, lo que significa un verdadero récord ya que se trata de una montaña de múltiples dificultades y acechante peligro; veníase preparando en el Departamento de Tupungato habiendo ascendido varios cerros en la quebrada ancha entre otros el "Mireya"; dejó en la cumbre del Tupungato, además del banderín que motivó su segundo viaje, una cartera con la fotografía de su esposa y otros efectos.
Mientras Motett realizó esta hazaña, Huerta con sus hombres ascendió como dejamos consignado el Polleras. el día 3 partieron en efecto desde el Desmochado, Motett al Tupungato, 25 kilómetros, y Huerta al Polleras 35 kilómetros.
El día 4 Motett, debía formar campamento a 5.800 metros y Huerta a 5.200, todo ello se realizó sin dificultades mayores; esta última comisión estaba integrada por Huerta, José Parra y cabo González. La ascensión fue penosa, el escalamiento en hielo, lento y peligroso, azotados los hombres por violento viento y sufriendo los efectos de una bajísima temperatura. Sin embargo los primeros argentinos alcanzaron la deseada cumbre a las 17 horas del día 5 de febrero.
Allí encontraron un hito formado por piedras, un tarro cilíndrico fuertemente oxidado, dejado por el Dr. Reichert en su memorable ascensión de 1908, es decir, a los 38 años coindidiendo hasta en la hora.
CURIOSIDAD: De la cumbre del Tupungato fué bajado un trozo de carne momificada cuya existencia data de más de 40 años.
En forma unánime los componentes de la expedición elogian la actuación del guía Damasio Beiza, hombre de carácter alegre, muy activo a pesar de sus años, prototipo de baqueano; por lo demás su foja de servicios es elocuente. En 1910 acompañó a los Señores Reichert, Helbling y Bade a la cumbre del nevado de El Plomo, 6.600 metros; cerro Juncal, 6.110 en 1911 con Reichert y Helbling y en 1912 con los mismos realizó la segunda ascensión al Tupungato. Integrando también diversas expediciones al Aconcagua. Es - nos dicen - una verdadera "reliquia entre los andinistas".
OTRA COMISION QUE INTENTA RESCATAR LOS CADAVERES DE LOS ESPOSOS LINK, ES RECHAZADA POR TEMPORALES
Se trata de la expedición Caretta que completan: Roberto L. Testoni, Samuel Carduner, Manuel Pacheco y Alfredo Magnani. Intentan llegar a la cumbre para rescatar los cadáveres; en avances y retrocesos, azotados por peligrosos temporales, sufren toda clase de penalidades viéndose obligados a emprender apresuradamente el regreso, abandonando diversos implementos para salvar sus vidas. Solo unos pocos metros les separaban entonces del lugar donde se encuentran los cuerpos...
SE INSTALA EL CAMPAMENTO MAS ALTO DEL MUNDO EN EL ACONCAGUA, SE RESCATARON LOS CADAVERES DE LOS ESPOSOS LINK E INGENIERO KNEIDEL
Realiza la hazaña la comisión militar que dirige Ugarte y que se compone así: Teniente primero Valentin Ugarte (Jefe), Hugo Yansen y Roque Zaldívar (médico) sargento ayudante Antonio Saligari y Carlos de Biassey, sargentos González y Aparicio, baqueano cabo Esteban Samuel y el Señor Roberto L. Testoni del Club Andinista de Mendoza y personal de servicio. Testoni había formado parte de la fracasada expedición Caretta.
El 1º de febrero ya está Ugarte con la mitad de la expedición en plaza mulas y de inmediato instala campamento base; el 3 llega Yansen con el resto del personal e impedimenta: el refugio desarmado, víveres y forraje; el 4 se une Zaldívar trayendo otros pertrechos.
Día 6, Ugarte con otros compañeros asciende hasta 6.400 metros en busca de lugar apropiado para emplazar el refugio, rueda monte abajo una mula esparciendo bulones y otros elementos. Día 8 nuevo ascenso; rueda otra mula que conducía carpas de alta montaña y calentadores. Mientras una parte del personal trabaja en el lugar elegido preparando la base para el refugio; Ugarte y otros continúan ascendiendo, a 6.750 metros encuentran los efectos que abandonara la comisión Caretta. Zaldívar regresa por sentir principio de congelamiento en los pies.
Desde dicha altura, a la que llegan a lomo de mula, marcando el récord mundial de altura en cabalgadura, exploran en la esperanza de ubicar los restos de los esposos Link. Están en la pendiente llamada gran acarreo y encuentran el cadáver de Juan Stepanek (1926), parte del cuerpo está petrificado y en parte momificado. Dejan los mulares y siguen avanzando hasta llegar a la canaleta - que nosotros precedentemente hemos indicado como cañadica - que lleva a la cumbre. Como es tarde y el tiempo está amenazante, regresan bajando el cadáver de Stepanek y los efectos de Caretta más una bolsa de procedencia chilena que encuentran en los alrededores.
Al revistar el cadáver aludido hallan en uno de los zapatos un pedazo de diario de La Nación del 19 de enero de 1926, en el que aparece visible la palabra FATALIDAD.
Día 10 descanso y preparación de las cargas con el material para el refugio a fin de transportarlo al punto de emplazamiento. Día 11 ascenso con dicho material y armadura del refugio; sopla viento a 180 kilómetros  por hora y la temperatura baja  de 5 a 18 grados bajo cero. Terminado el refugio, que solo resta armar en la base ya preparada, lo que acontece ya entrada la noche, se guarecen en su interior probando su eficacia ya que de 25 a 30 grados bajo cero en el exterior se reduce a 8 en su interior.
Día 12, temporal desencadenado en la noche continúa por lo que el Jefe resuelve bajar a plaza mulas a la espera de que amaine. El 15 llega el Comandante del Destacamento Montaña Coronel Roberto V. Nazar, que se dirige al refugio y lo inaugura; se bautiza "Primer Batallón Cazadores de Mendoza" en honor al primer cuerpo montanés organizado del ejército argentino, que San Martín incluye en el ejército libertador.
Día 16 regresa el coronel Nazar con su comitiva. El 17 Ugarte y su grupo preparan sus mochilas dispuestos a intentar la conquista de la cima y rescatar los cadáveres, cumplen las dos cosas entre el 18 y 23 tras brillante esfuerzo; cuando se hallaban a pocos metros de la cumbre, Ugarte une a los ocho hombres y tomados del brazo  la dominan, considera que nadie debe ser primero "porque si los riesgos han sido de todos, la gloria debe ser también de todos".
El denonado grupo siente profunda emoción y angustia y más de una pupila parpadea reteniendo las lágrimas.
La población de Puente del Inca en masa acompaña al cementerio local los restos de los que en vida fueron gloriosos cultores del andinismo; flores silvestres cubren profusamente los ataúdes.
El refugio está construído de madera y material aislante emplezado en una base de hormigón adherido por bulones, y sotenido por fuertes tensores hacia todos los puntos para que resista el embate de los vientos. Ha de prestar incalculables servicios a los conquistadores incansables del imponente monte.